El grave problema del sicariato en el Perú

El grave problema del sicariato en el Perú

La delincuencia en nuestro país posee, lamentablemente, diversas ramificaciones que van desde los delitos más simples, como el hurto, hasta los más graves; uno de estos es el sicariato. En los últimos años, esta modalidad ha ido en aumento. Desde el 2015, el sicariato fue notificado como un delito autónomo en el Código Penal. A partir de allí hasta fines del 2019, solamente existen 10 sentencias por sicariato en todo el territorio nacional. La mayoría de los demás casos no judicializados se encuentran repartidos, en su mayoría, en Lima, Callao y el norte del país. ¿Cuál es la situación actual?, ¿a quiénes reclutan para realizar estos delitos?, ¿cómo empezó su auge en nuestro país? Todas estas son preguntas que responderemos a continuación.

En primer lugar, las cifras de muertes por sicariato en nuestro país se han mantenido en los últimos tres años en alrededor de 90 a 100 casos anuales. Como ya adelantamos, los crímenes se centran en la costa del país; Lima lidera la lista, le sigue Trujillo y, luego, el Callao. Las víctimas son, en su mayoría, varones, en proporción de 80% del total. Además, las víctimas son, en mayor medida, jóvenes de 15 a 29 años, seguidos de los de 30 a 44 años.

En segundo lugar, los sicarios son reclutados por bandas criminales. Estos se sirven de ellos para ajustar cuentas con posibles deudores, pero todo ello fuera del marco de la ley. Por si fuera poco, los menores de edad son los escogidos por estas bandas delincuenciales para realizar la labor. ¿El motivo? La ley no tipifica a los menores de 18 años como delincuentes, sino como infractores y no son penalmente responsables. De esta manera, no cumplen condena en la cárcel, van a un reformatorio por un tiempo o, en algunos casos, salen en libertad. La edad en la que empiezan los jóvenes en el sicariato es en la adolescencia, desde los 12, 13, 14 años de edad. Los motivos son por encontrarse en ambientes violentos, padres ausentes o comprometidos en actos ilícitos. Además, muchos muchachos empiezan en este mundo desde abajo: empiezan robando celulares o billeteras para luego ir escalando hasta que las mismas bandas los entrenan para ser sicarios. A esa edad, muchos jóvenes solo buscan la pertenencia a un grupo o tener mayor responsabilidad. Así que cuando los entrenan con armas o les ofrecen un “trabajo” más complicado que el anterior y que requiere más esfuerzo, se sienten importantes dentro de la organización criminal. En síntesis, los sicarios se forman desde los delitos menores como el arrebato o hurto de pertenencias hasta que ascienden a homicidas a muy temprana edad.

En nuestro país, el sicariato empezó a ser recurrente en el norte del país, en la ciudad de Trujillo. Para algunos especialistas, todo empezó con una conjunción entre el tráfico ilícito de drogas y la conformación de bandas criminales especializadas. Por ejemplo, en la ciudad de la eterna primavera, las bandas se iniciaron con el robo de automóviles. Luego, robaban para pedir dinero a las víctimas para que les devuelvan el vehículo. Eso originó que haya bandas que se dediquen a cuidar a sus anteriores víctimas para que otras bandas no les roben. En ese ínterin, las bandas cobraban cupos. Si alguno no les pagaba, tenían matones y sicarios que ajustaban cuentas con sus deudores.

¿Cómo detener este crecimiento en el Perú? Para diversos especialistas, este sería un tema de salud mental, ya que se puede identificar a un futuro infractor en la escuela si es que algún niño presenta actitudes violentas. Por otro lado, según la criminalística, este problema se trabaja con la precaución: el Estado identifica las zonas de mayor índice delincuencial, como los distritos de El Porvenir en Trujillo o el Callao, donde focaliza todo su accionar en programas que procuren que la delincuencia no siga en aumento año tras año.

Por último, el sicariato en nuestro país posee varias aristas, desde el problema de la reciente tipificación del delito en el Código Penal, la focalización de casos en la costa del país hasta la convocatoria de menores de edad para perpetrar estos crímenes. Por si fuera poco, es el turno de las autoridades para que se encarguen de este grave problema con las herramientas que tienen a la mano, la información estadística y los diversos estudios de los especialistas. Todo con el fin de reducir la tasa de homicidios por este delito de una vez por todas.

Por Luis Samamé Zapata