La violencia de género no para en plena pandemia

La violencia de género no para en plena pandemia

Es conocido por todos que la violencia contra la mujer es un problema generalizado. Todos los días, se pueden observar noticas en los diarios sobre maridos que golpean a sus esposas, juicios de alimentos a padres irresponsables, feminicidios, etc. Como todo problema social, sus causas son variadas y complejas. Sin embargo, es innegable que la principal razón es el machismo de nuestra sociedad. Es la única forma de explicar casos tan dramáticos como el de Eyvi Ágreda el año pasado. Ella fue rociada con gasolina y le prendieron fuego por un hombre que la había pretendido. Cuando Eyvi lo rechazó, su respuesta “castigarla” por esa ofensa. Decir que esta persona era un loco o desadaptado es insuficiente. Por ello, en esta ocasión, quiero hablarles acerca del problema de la violencia contra la mujer y las medidas que el Estado ha establecido.

Antes de comenzar a explicar las consecuencias del machismo, es necesario explicar que la violencia de género es un problema sociocultural. Esto significa que tiene dos dimensiones distintas, pero que se complementan. Primero, como problema social, no solo son afectados los involucrados en los crímenes denunciados. Es decir, afecta a la sociedad en general, incluso a las personas que no lo ven como un asunto serio. ¿Cómo nos daña a todos? Lo hace en la medida que la repetición continua de casos termina por normalizar sus efectos. Según la Línea 100 del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), se han registrado 5,438 llamadas para denunciar situaciones de violencia física o psicológica. Aunque el número suene increíble, dado que nos encontramos en una situación de distanciamiento social, la cantidad no sorprende si recordamos que la mayoría de agresores son personas cercanas a las víctimas (familiares, pareja, amigos). Entonces, la abundancia de casos reportados indica que se ha vuelto “normal” la violencia de género.

Segundo, es un problema que trasciende las enfermedades psicológicas de los abusadores de mujeres, ya que sus causas son culturales. Dicho de otro modo, si bien es posible que algún desadaptado cometa algún crimen pasional, esto no explica cómo la violencia de género está tan extendida. Si volvemos al caso de Eyvi, nos damos cuenta que su agresor casi no la conocía. Pensaba que ella debía corresponderle solo porque a él le gustaba. De este modo, su reacción solo se puede entender si admitimos la existencia del machismo como modelo de la relaciones entre hombres y mujeres.

Como dijimos antes, el machismo es el principal causante de la violencia de género. Aunque es difícil de definir el término, podemos entenderlo como el conjunto de ideas y costumbres que presupone el control y superioridad de los hombres sobre las mujeres. En otras palabras, como los hombres creen que las mujeres solo sirven para satisfacer sus deseos sexuales o complacerlos, justifican la violencia sobre ellas cuando no responden como ellos esperan.

¿Cómo se puede parar esta verdadera epidemia de violencia? La solución, como el problema, es compleja y a largo plazo. Como señala la psicóloga Jaqueline Rojas, el ciclo de la violencia de género se mantiene porque “si ves violencia, aprendes violencia”. Es decir, cuando los niños aprenden desde casa costumbres machistas, lo más probable es que la reproduzcan cuando sean mayores. Por eso, el tratamiento psicológico es indispensable para diagnosticar los cuadros más severos antes que cometan feminicidios.

Asimismo, el MIMP, desde hace algunos años, ha comenzado a implementar campañas de educación y concientización. Se necesita una nueva educación fuera del machismo para que las personas aprendan a reconocer la violencia dentro de las parejas. Como indica el psiquiatra Yuri Cutipé, solo una sociedad “enferma” puede fomentar los celos como una “muestra de amor”. La posesión excesiva de la pareja implica verla como parte de nuestra propiedad y eso es una forma de violentarla. En ese sentido, dentro del Plan Nacional contra la Violencia de Género 2016-2021, se ha promovido la financiación de programas de prevención y atención para combatir la violencia contra la mujer. Desde el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, se están invirtiendo más de 10 millones de soles en los gobiernos regionales que ejecuten proyectos relacionados a la reducción de la violencia de género.

Por otro lado, el MIMP aplica mecanismos para atender los casos particulares de violencia de género en el país. Uno es la Línea 100 que mencioné anteriormente. Esta se encarga de recibir llamadas de denuncias de mujeres durante las 24 horas todos los días. Además, los Centros de Emergencia Mujer (CEM) recogen denuncias de esta clase de maltratos y asesoran legalmente para iniciar procesos judiciales en caso de ser necesario. Estas medidas ya se estaban ejecutando desde antes de la pandemia. Sin embargo, la cuarentena ha propiciado un aumento de casos alarmante (43 violaciones y más de 120 intentos de feminicidios hasta abril de este año según cifras oficiales). Por esta razón, y con esto quiero terminar, es importante que la inversión del Estado para combatir la violencia de género no se detenga y, más importante, que todas las personas se comprometan a denunciar todas las situaciones de violencia que observamos día a día.

Por Luis Samamé Zapata